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Puentes de Esperanza.
La pobreza tiene muchas maneras de hacerle daño a los niños. La más disgusta es la negligencia.
En los barrios de tugurios de Lima Sur, en el Perú, la "negligencia" es parte de la vida cotidiana.
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Lea sus historias…
No porque a los padres no les importen sus hijos, sino porque muchos trabajan duro hasta tarde en la noche y no hay nadie en casa para supervisarlos después de la escuela. Cuando no hay adultos cerca, muchos chicos cierran sus libros a las 2 de la tarde y salen a callejear.
Alarmada por las pandillas y la violencia, una joven madre le pidió ayuda a su pastor, el Padre Tom Burns, M.M. Anabella, que es también maestra, le dijo al Padre Tom algo que éste nunca ha olvidado: "Cuando los muchachos aprenden temprano que son unos fracasados, toda una generación fracasa".
El Padre Tom dijo entonces que la comunidad parroquial abriría sus puertas para ayudar a los niños a la salida de clases con sus tareas escolares, ofreciéndoles también una biblioteca circulante, juegos educativos y orientación. Hoy, un programa llamado Puentes de Esperanza está salvando a los niños y niñas de Pampas de San Juan, en Lima Sur, del callejón sin salida de las pandillas, el tráfico de drogas y, a veces, una muerte prematura. Y los niños están esforzándose en sus estudios.
Sin embargo, hay muchísimos otros niños que necesitan que se les dé la misma oportunidad. ¡Ayúdenos a tender más puentes para los que se han quedado atrás! Su donativo cambiará grandemente esas pequeñas vidas.
El padre Tom puede decir más…
"A menudo, cuando el niño llega a casa de la escuela, no habrá allí ningún adulto hasta las 9 o 10 de la noche. O quizás el niño viva con un abuelo anciano que no pueda imponer disciplina. Sea cual sea la circunstancia, hay muchos niños que no tienen quienes los supervisen después de clases. Y cuando Mamá y Papá llegan por fin a casa, están totalmente exhaustos".
Puentes de Esperanza cubre la necesidad, y con tu apoyo, puede continuar en el futuro.
Cuando el programa empezó en 2009, vinieron a nuestro centro 70 niños. Al final del año, sólo uno tuvo que ir a cursos de recuperación durante el verano y sólo uno, que había empezado muy tarde en el programa, tuvo que repetir el grado. Todos los demás niños pasaron de grado.
Los estudiantes llegan a las 3 de la tarde y enseguida se ponen a trabajar con maestros capacitados en materia de lectura, escritura, ciencias y
matemáticas. También hay consejeros listos para atender a aquellos niños que lo necesiten. Y hay un receso para merienda y recreo. Cada jueves los niños van a la iglesia para venerar al Santísimo Sacramento y rezar. Como dice Anabella, las escuelas quizás informen, pero no forman. "No siempre transmiten los valores que nosotros, gente de fe, compartimos". En cambio, los niños de Puentes de Esperanza saben que están aquí debido a la Iglesia y nuestro preciado Evangelio. Puentes de Esperanza se centra en el amor de Dios. "La parroquia ocupa un lugar central en nuestras vidas", dice el padre Tom. "Queremos que nuestros niños sepan que esta parroquia es también su hogar".
Las cuotas son modestas, pero todo el mundo paga algo: 2 soles diarios (alrededor de 60 centavos de dólar). Quien no tenga dinero puede ofrecer su trabajo voluntario.
Su donativo logrará todo esto para los 104 niños y niñas que participan hoy en nuestro programa…y los incontables que quisieran participar. Cada dólar que usted done hará más seguro y más fuerte el sendero de la niñez a la adultez:
- con $5 se comprarán papel, lápices y otros artículos para nuestros más pequeñitos—en kindergarten y en primer grado—a fin de reforzar sus lecciones.
- con $25 se costeará una serie corta de sesiones de orientación sicológica para un niño o niña con problemas de comportamiento, o víctima de violencia hogareña o pandillera.
- con $50 se comprarán meriendas para un mes, esas delicias que estimulan la asistencia diaria y ponen una sonrisa en los rostros infantiles.
Como tantas otras misiones de Maryknoll en todo el mundo, Puentes de Esperanza es la mejor oportunidad que los padres tienen para romper el ciclo de la pobreza… y dar a sus hijos, y a sí mismos, algo en lo que creer. Con el respaldo suyo, les daremos el futuro por el que están rezando.