En EspañolJusticia climática para todos
By David Kane, MKLM
Cuando unos 100 políticos se reunieron en New York el otoño pasado en la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, los más vulnerables del mundo tuvieron una fuerte voz gracias a una delegación católica de laicos y líderes religiosos.
Vinieron para asegurarse que aquéllos con el poder de hacer decisiones consideraran los intereses de las naciones en desarrollo en esta conferencia, cuyo objetivo fue dar energías a líderes internacionales para la Conferencia de las Naciones sobre el Cambio Climático en Copenhague en diciembre. En la conferencia, los líderes tuvieron la oportunidad de firmar un acuerdo de obligaciones para reducir emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GHG) y proveer financiamiento a los países pobres que sufren del cambio climático. La delegación religiosa, organizada por dos organizaciones de desarrollo católicas—CIDSE y Caritas Internationalis—trajo amplia evidencia de porqué el convenio debía ser ratificado.
Antes de la reunión cumbre, la Hermana de Maryknoll Ann Braudis, fundadora de un santuario ecológico en Filipinas y quien actualmente trabaja con la Oficina de Maryknoll de Asuntos Globales, ayudó a organizar una presentación por la autora Riane Eisler. Eisler lanzó una llamada en favor de “una economía compasiva”, la cual se enfoca en el bienestar de las personas y la tierra y no sólo en la ganancia económica.
La delegación católica comenzó su participación ante la cumbre con una Misa especial por la justicia climática, la cual fue concelebrada por el Arzobispo de New York Timothy Dolan y obispos de la delegación. El Cardenal Keith O’Brien, de Escocia, quien encabezaba la delegación, dio la homilía. “Cuando los bancos quiebran, los gobiernos tienden a movilizar esfuerzos y energía extraordinarios y hasta grandes e inmorales sumas de dinero para sacarlos del apuro”, dijo. “Esta respuesta es un frío contraste a los esfuerzos lentos y pesados de hacerle frente a la pobreza y los cambios climáticos. En vista de los estimados de las Naciones Unidas que entre el 2000 y el 2004, unos 262 millones de personas fueron afectadas por desastres relacionados al clima, añadió, “Más puede y debe hacerse. En este tiempo de tanta urgencia, cuando (y si) actuamos, podemos poner fin a los cambios climáticos peligrosos y ayudar a los pobres a adaptarse a los efectos. Esta es la hora de liderazgo y valor”.
En una declaración en video a los participantes en las negociaciones, el Papa Benedicto XVI reiteró el mensaje. “El medio ambiente natural es un regalo de Dios a todos”, dijo, “y por tanto, nuestro uso del mismo comprende una responsabilidad personal hacia la humanidad entera, particularmente hacia los pobres y las futuras generaciones... Con estos sentimientos, deseo animar a todos los participantes en la reunión cumbre de las Naciones Unidas a entrar en sus discusiones constructivamente y con valor generoso”.
Miembros de la delegación religiosa se separaron en grupos y se reunieron con representantes de 15 países. Los delegados explicaron
cómo los efectos del cambio climático ya se están sintiendo en sus países. La Hermana Delci Franzen, quien trabaja con la Conferencia de Obispos Brasileños, habló sobre los efectos en la selva Amazonas de los cambios enormes en la época de lluvia y de las crecientes sequías en el semiárido noreste. El Obispo Theotonius Gomes de Dhaka habló de cosechas perdidas y migraciones masivas provocadas por inundaciones en Bangladesh. En el vecino país de la India se discute construir una cerca de 10 pies para detener a los refugiados por causa del clima. Elizabeth Peredo, directora de la Fundación Solon en Bolivia, advirtió que en su país glaciares que proveen agua a millones de personas están disminuyendo. Según se reducen los glaciares, dijo, así también se reducen las tierras agrícolas en la región de los Andes. El Obispo Alvaro L. Ramazzini Imeri de San Marcos, Guatemala, habló de la pérdida de fincas debido a inundaciones y del alce en las enfermedades tropicales en partes de su país como resultado de temperaturas elevadas.
Todos los delegados enfatizaron lo que los misioneros de Maryknoll a través del mundo han visto: campesinos estresados no pueden contar con una época de lluvia segura como lo hicieron sus antepasados por generaciones. Lanzaron una llamada para que la cumbre logre compromisos audaces para reducir emisiones de GHG, y repitieron la advertencia de la mejor ciencia que existe: debemos reducir para el año 2020 las emisiones de GHG en el mundo de un 40 por ciento a los niveles de 1990 para evitar aumentos de temperaturas de más de dos grados centígrados, lo cual provocaría una catástrofe en un futuro cercano. Pidieron fondos suficientes para ayudar a países en la parte sur del mundo para que puedan adaptarse a inundaciones y sequías más lar gas y duraderas, a los reducidos recursos de agua, y a tormentas de viento fuertes y más frecuentes, todos causados por el cambio climático.
Los países industrializados, notaron, son los más responsables de provocar el cambio climático y, por lo tanto, tienen la responsabilidad más grande de proporcionar los remedios. Los líderes del mundo, dicen, no pueden ignorar la trágica realidad que los menos responsables de causar el cambio climático son los más afectados.
José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea, ratificó que la Unión Europea tiene la oferta más fuerte en la mesa de un 20 por ciento de reducciones en emisiones GHG para el 2020, aumentando a un 30 por ciento si otros poderes hacen algo similar. Pero afirmó lo que otros países dicen: hasta las más inadecuadas promesas hechas por otros países no serán implementadas si Estados Unidos no aumenta su compromiso.
La ley aprobada por la Cámara de Representantes reduciría emisiones de Estados Unidos en sólo un 5 por ciento para el 2020. Muchos miembros del Congreso no quieren comprometerse a reducciones importantes si otros países que producen grandes cantidades de GHG, como China, India, Brasil y Japón, no realizan similares cambios. La buena noticia es que todos esos países vinieron a la reunión cumbre de las Naciones Unidas preparados para hacer compromisos mucho más grandes que nunca. Japón dijo que se comprometerá a una reducción de un 25 por ciento para el 2020; China prometió reducir la intensidad del carbón en su desarrollo; Brasil pretende reducir su deforestación en un 80 por ciento para el 2020; e India aumentará los niveles de eficiencia de combustible, preservará selvas y plantará más cultivos orgánicos.
Ha llegado la hora que Estados Unidos se una al resto del mundo para seriamente hacerle frente a la amenaza del cambio climático y al mismo tiempo reducir la pobreza en el mundo. El Obispo John Onaiyekan de Nigeria insistió que toda la familia humana está sintiendo los efectos del cambio climático y que esos efectos serán peores en el futuro. Urge tomar acción. Si el convenio en Copenhague no se materializa, nos retrocederá a todos muchos años, y no podemos dejar que esto suceda.
El Misionero Laico de Maryknoll David Kane, de Seattle, Washington, sirvió en Brasil por 10 años y hoy trabaja para la Oficina de Maryknoll de Asuntos Globales. Visite el website www.maryknollogc.org y haga clic en Faith, Ecology y Economy (Fe, ecología y economía) para saber más sobre el vínculo entre estas tres realidades.